martes 27 de octubre de 2009

Medias de seda


Concluye la jornada laboral. Pero el día no ha hecho más que empezar. Termina el interminable ir y venir entre rutinas y obligaciones. Ahora el tiempo es suyo, y lo sabe. En la cara de Carla aparece una sonrisa satisfecha, y con paso firme y tranquilo se dirige hacia su casa, disfrutando del paseo, taconeando por las calles del casco viejo, cuyos adoquines canturrean a su paso, saludando a los tenderos que se asoman a las puertas al sentirla llegar.

El vaivén de sus caderas, insinuantes a través de la ajustada falda, y la voz de sus pies enfundados en medias de seda y zapatos a lo años 60, hace a más de uno girarse a mirarla. Pero no es sólo eso. Llama la atención por su imagen trasnochada y glamurosa. Siempre perfecta. Labios rojos. Y siempre mirando al frente. Su alegría es el pan de cada día para el chico de la frutería, y el perfume de su pelo hace que la vida tenga sentido todavía para el vendedor del kiosco. Y Carla, que no es ajena a nada de esto, les regala graciosamente su paseo, y saborea el placer de su admiración.

De la pastelería sale la ronca risa del pastelero, mezclada con el dulce olor a caramelo y chocolate, a la vainilla de la galleta casera, y a la canela de la leche merengada. Cuando Carla pasa por la puerta, todos los hornos se ponen a funcionar a un tiempo, y la masa del bizcocho se esponja dulcemente. Un beso de miel es lanzado hacia el interior, y un guiño insinuado hace de trampolín al deseo.

Llega a casa todavía con la sonrisa fresca, y lentamente se desnuda frente al espejo. Primero la falda. La gusta ver sus piernas enfundadas en esas medias. Medias de seda de línea perfecta, de costura alineada con sus curvas, hasta medio muslo, ni más ni menos. Le gusta el contraste de la negra seda con el blanco inmaculado de su piel, ni siquiera por el sol profanada. Se admira unos instantes en ropa interior, baja de sus tacones, y como si estuviese posando para Elvgren suelta el liguero y se quita las medias.

Baño perfumado con olor a violetas. Abre el cajón de arriba, perfectamente ordenado, totalmente homogéneo, repleto de medias negras de seda. El ritual de la belleza. Pues faltan tan solo unos minutos para que suene el timbre. Y estará perfecta. Perfecta para que ahora, después de haber seducido a media ciudad, la seduzcan a ella.

lunes 19 de octubre de 2009

Rea

Ilustración de María Paz Silva

Rea finge dormir cuando siente que Él está despertando. Cierra los ojos suavemente y simplemente escucha. Cierra los ojos a la claridad que se cuela por las rendijas de la persiana. Un aliento se acerca a su mejilla, y un beso ligero la roza un instante, casi imperceptible. Un dedo recorre la curva de su hombro, levemente. Rea intenta no llorar, luchando para no temblar por el esfuerzo de reprimir las lágrimas, pero consigue aparentar un apacible sueño y no delatar su desvelo.

Él se levanta procurando no hacer ruido. Rea escucha su trastear en la cocina. Le llegan el olor del café y el metálico aviso de que las tostadas ya están listas.

Él no tarda mucho en regresar a la habitación. Se sienta en la cama y le acaricia el pelo.
- cariño, te he preparado el desayuno.
Rea abre los ojos despacio y lo mira. Él está sonriendo.
- estás preciosa al despertar.

Rea se incorpora lentamente. Su cuerpo protesta en cada movimiento, pero no dice nada y consigue llevarlo hasta la mesa. No tiene hambre, pero desayuna callada, sin apenas levantar la vista.

- me marcho a trabajar preciosa. No olvides que te quiero. No lo dudes nunca.
- claro cariño.

Cuando se cierra la puerta, Rea rompe a llorar. Su llanto es desconsolado, angustioso, y apenas puede respirar. Sus lágrimas hacen naufragar los restos de la tostada.

Tarda un buen rato en sobreponerse. No recoge la mesa, sino que se viste apresuradamente mientras se seca las lágrimas con el dorso de la mano y rescata de su escondite la maleta que ayer preparó.

Camino de la salida se ve reflejada en el espejo del pasillo. Hoy no hay tiempo que perder. Hoy no puede perder ni un minuto. Ni siquiera para tapar los moratones con maquillaje.

viernes 16 de octubre de 2009

Irreverente

Foto de Girlie

Hacía frío y llovía.
El agua resbalaba por mis muslos,
minifalda imposible al encuentro de tus miradas.

Hacía frío y llovía.
No me defraudaste, no.
Calor entre mis piernas que se volvió explosión.

No disfrazamos la lujuria,
ni tú, ni yo.

Calentaste con palabras el lóbulo de mi oreja,
y me volví líquida entre tus locas frases.

Viajé a través de tus fantasías,
mezcladas con las mías,
buscando ser lugar de reposo en tu huída.

¡Reposo no!

No gritaste,
no contaminaste la dulzura de la pasión con ruido.
Susurraste, pero no alzaste la voz.

Tu mirada desnudó mi cuerpo hasta de la piel,
y me entregué a tu delirio apresurado,
porque yo también tenía prisa.

¡Son tan efímeros estos momentos!


jueves 8 de octubre de 2009

Tierra

Foto de BolboretaFunky

Rhuma y Ella caminan ahora juntas,
alejándose de la ciudad de TodoEsPosible.

Van cogidas de la mano,
entregándose en miradas,
en busca de la ciudad de PáginaEnBlanco.

Quieren empezar a escribir juntas una quimera,
y han comprado el bolígrafo de AquíYAhora,
que lleva tinta de EnCualquierMomento.

Cuando lleguen a la ciudad de PáginaEnBlanco,
han decidido coger una BorracheraDeBlancura,
y al día siguiente empezar a emborronar las calles,
con anhelos y con sueños.

Pero esta noche Ella está cansada,
y se tumba sobre el suelo, sobre la tierra blanda.

Rhuma le prepara una sábana con su cuerpo,
y le pinta un lienzo con su aliento.

Descansa Ella,
mañana seguiremos caminando juntas,
lejos, siempre lejos de la TorreImposible,
y desayunaremos bajo el agua,
regalándonos el alma.

jueves 1 de octubre de 2009

Querido Who:


Foto de Girlie

En pañales aún me encuentro querido Who.

En pañales, pues tan apenas he comenzado a descubrir que tengo manos y piernas en este nuevo mundo en el que decidí nacer.

Torpemente voy descubriéndolo, y aprendiendo, de tu mano y de algunas otras manos, esos maravillosos juegos que, como los reflejos de una vidriera en el suelo de una catedral, despiertan mis deseos de palabras.

A través de mis cuentos llegaste a mí, querido Who. Y alentaste a mi pequeña paginita a madurar entre las de todos vosotros.

Querido Who,
debo muchos agradecimientos.
Uno a cada persona de las que me lee.
De abrazo para aquellos que alegran y completan mis cuentos con sus comentarios.
Con la mejor sonrisa para las aportaciones que me ayudan a mejorar.
Y con un cariño especial para tí.

Querido Who,
no sólo por los premios concedidos,
sino porque, después de seguirte,
tras leerte en otros puertos,
y tras arribar en el tuyo,
siento esa cómoda calidez
que sólo puede nacer de un alma sensible,
de la curiosidad,
del amor a las cosas sencillas y auténticas.

Eres, querido Who,
una especie de señor de la montaña:
siempre justo, siempre atento,
siempre imparcial en tu parcialidad.

Apoyas a muchos y sigues a muchos.
Me siento afortunada de ser una de ellos.

Un beso querido Who.

miércoles 23 de septiembre de 2009

En el lago

Foto de Alfonso López

Cada mañana,
al amanecer,
atajaba por el camino del lago para ir al pueblo.

Bordeando el agua,
dejándose invadir por el olor del bosque,
todo tenía sentido.

Pero hoy nada lo tenía.
El equilibrio era inestable
y no conseguía concentrarse.
Nada lo llenaba.

No podía dejar de pensar en el vaivén de esas caderas,
en esos pequeños pies descalzos,
en esa larga melena mojada
y en la sonrisa de esos ojos al cruzarse con los suyos.

Al día siguiente,
tras una larga noche consumido por el deseo,
con el corazón en la garganta
y las tripas revueltas,
fue temprano al atajo con la esperanza de volver a verla.

Las manos le sudaban, cada vez más,
mientras se acercaba al punto donde se encontró con ella.
Pero lo único que encontró fueron sus ropas,
en la orilla,
bajo un árbol.

Se escondió.
Cazador furtivo a la espera de su presa.
Necesitaba volver a verla,
y la idea de su piel mojada,
lo volvía loco.

A los pocos minutos surgió desde el centro del lago,
resplandeciente, y completamente desnuda,
sonriente y despreocupada.

Se acercó lentamente a la orilla.

La luz de la mañana jugando con el agua en su piel,
cubría su cuerpo de destellos y brillos,

Parece una estrella, pensó,
y se masturbó casi desesperado,
siguiendo con la mirada sus curvas,
grabando esos pausados movimientos,
sin atreverse a moverse en horas cuando ella se alejó.

Decidió madrugar y esperar su llegada.
Quería ver como se desnudaba,
y atrevido, eligió su escondite casi en la orilla,
casi en el agua.

Bajó la mano por instinto cuando la oyó acercarse,
preparado para masturbarse de nuevo,
mientras ella, ajena a su presencia,
comenzaba a quitarse la ropa.

Ya desnuda se dirigió hacia el lago,
y él se removió inquieto, expectante,
con la mano preparada
esperando que el agua la rozara.

Pero no llegó a rozarla,
pues justo antes de llegar se quedó parada,
mirando hacia el cielo,
y girándose luego hacia donde él estaba,
tendió sus brazos en una invitación.

Nadie ha vuelto a verlos.

martes 15 de septiembre de 2009

Fuego

Foto de Alfonso López


Despierto de madrugada. Es todavía noche cerrada, pero algo ajeno a mí se ha colado en mis sueños. Será el viento que azota las cortinas a través de la ventana abierta. Mi piel se rebela ante su contacto y me giro de espaldas a él mientras tiro de la sábana. Me giro y encuentro tus ojos abiertos, mirándome. Abro la boca para decir algo, y pones un dedo en mis labios para que preserve el silencio. Tengo sueño, pero mi cuerpo no quiere dormir. Has empezado a bajar tu mano, despacio, recreándote, llegando hasta mi cintura, paseando por mis caderas. El calor crece dentro de mí. Quiero moverme, tocarte yo también, pero no me dejas. Me sujetas las ganas y dejo de pensar mientras fluyo enredada en tus caricias, tan lentas, tan expertas, que me aceleran el pulso y me roban gemidos.


Empiezo a arder. Ahora aunque quisiera no podría pensar. Sigue. Sigue. No dejes de hacerlo. Soy prisionera del placer. Círculos en el aire casi rozándome que me vuelven loca. Me arqueo buscando tus manos. Te ríes porque sabes lo que quiero. Estás disfrutando. Me moldeas a placer haciendo de mi cuerpo una obra de arte. Mientras la completas, dejando el deleite en suspenso, me dices al oido: "me encanta ver como te corres", y sin esperar, haciendo de la noche un estremecimiento continuo, entras en mí, atravesando el deseo y fundiendo mis sentidos.


viernes 11 de septiembre de 2009

Agua

Foto de BolboretaFunky


Rhuma viajaba sola por los caminos de la rutina. Todo ordenado. Todo prefijado de antemano. Todo con una meta o un fín. Todo descafeinado. Incluso el amor, a pesar de su espacio, estaba sujeto a horarios.

Un día cualquiera, en la ciudad de LaTorreImposible, se sentó en un banco de una plaza sin árboles. Los codos apoyados en las rodillas, las manos sujetando la cabeza, mirando al frente, a ninguna parte. Mirando fuera y viendo dentro. Se desmontó el alma pieza a pieza, las limpió todas con cuidado, y entonces cerró los ojos.

Al día siguiente del día cualquiera, desmontó también su vida. Rompió todas las cuerdas, escapó de todas las prisiones, y sin despedirse, sin equipaje, partió a construirse una nueva.

Caminó sin rumbo. Sin planes. Un café en cada encrucijada. Una pieza más en su sitio. Tiempo de parar a disfrutar los rincones.

Otro día cualquiera llegó a la ciudad de TodoEsPosible. Se sentó en la hierba, rodeada de árboles. las piernas cruzadas, la espalda apoyada en un tronco, mirando al frente, a todas partes. Mirando y viendo fuera. Entonces vio a Ella, caminando sin prisas, como si quisiera sentir cada paso.

Ella se sentó también en la hierba. Frente a Rhuma. Se miraron dentro. Se recorrieron el alma pieza a pieza la una a la otra, y después cerraron los ojos.

Al día siguiente del otro día cualquiera, Rhuma y Ella se abrazaron bajo el agua, regalándose los cuerpos igual que se habían regalado el alma.

Rhuma y Ella caminan ahora juntas.

jueves 10 de septiembre de 2009

Aire

Foto de Alfonso López


Me sentí niña grande jugando a ser pequeña.

Las risas en el parque, la brisa entre mis faldas, rodando por la hierba.

Construí castillos en la arena y en el aire. Castillos con sabor a pan caliente recién hecho y a besos de buenos días.

Ya en casa, transporté toda la magia al interior de una burbuja de jabón y la dejé estallar. Una burbuja de las que hacías rodar por mi espalda mientras perseguías con tus dedos y tus labios la sonrisa de mi cara.

Todavía sonrío.

martes 8 de septiembre de 2009

Desnuda

Foto de Javier Lucea


En silencio y en penumbra.

Otras manos y otros cuerpos arrancaron de mí placer y dolor.

Vibré, lloré, grité y volé.


Mírame.
En este momento.
En nuestro ahora.
No hay ayer ni mañana.
Sin recuerdos ni futuro.


Siente el calor de mi piel al contacto de la tuya.


Ven.
Estoy ante tí sin adornos ni luces,
sin nada que disfrace lo que soy.


Ven.
Esto es todo lo que puedo ofrecerte.
Mi completa desnudez.